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domingo, 23 de marzo de 2014

Las palabras más hermosas

Tres palabras, cuatro sílabas, las mejores palabras que puedes oír.
Primero, pasas por un estado de nerviosismo, en el que se te revuelve el estómago, y luego viene la ansiedad. Pasas por las peores horas de tu vida, horas que parecen días, semanas, incluso años, se hacen eternas. Y las horas pasan, ves abrirse la puerta, y nada. No te buscaban a ti. Y la incertidumbre, el dolor, los nervios se apoderan de ti. Ese nudo en la garganta te está asfixiando y no te atreves a decir palabra alguna, porque si hablas, inevitablemente llorarás. Miras las caras de los que están a tu alrededor: primero tu familia, luego tus amigos, y los rostros de aquellos desconocidos, desconocidos a los que, de alguna forma, les has tomado cariño. Les tomaste cariño porque están sintiendo lo mismo que tú. E intentas adivinar sus pensamientos, y te arrepientes, porque sabes que esperan lo peor. Te tragas el nudo en la garganta, intentas subir el ánimo y nada. Te abrazas a ti mismo, lloras internamente, te consumen los nervios, miras el reloj cada 5 minutos. Y no te permites despegar la vista de la puerta por más de un minuto. Y rezas, rezas como nunca en tu vida lo habías hecho, porque al final, eso es lo único que puedes hacer, rezar y mantener tu fe. Y al fin, la puerta se abre, todas las miradas se centran en ella, intentas pasar, acercarte, pero no te dejan, alguien más ya está hablando con ella para desaparecer nuevamente por esa maldita puerta. Y si las horas anteriores fueron largas, los siguientes minutos son eternos, no dejas de mirar a la puerta. Y, cuando ya no puedes más con los nervios, salen definitivamente. Y los escuchas atentamente, y lloras de alegría, y todos se abrazan, y todos se acercan a ti, y solo puedes sonreír y llorar, y dar gracias a todos por acompañarte, y dar gracias a Dios, porque te ha permitido seguir disfrutando de aquella persona que más amas en la vida. Y todo el temor, la angustia, los nervios, la impotencia, todo, desaparecen por un momento para dar paso a una alegría inmensa. Y te alegras aunque sepas que esta fue sólo una de las mil batallas que nos quedarían por librar, una de las mil batallas contra una enfermedad mortal. Y sabes que, al final del día, solo importa vivir el presente, sabes que mañana puede ser demasiado tarde, y que quizás mañana debas tener más fe que hoy. Y que quizá esta sea la última vez que escuches las palabras mas bellas del mundo: "Todo salió bien, está con vida"

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